jueves, 20 de enero de 2011

Las heridas del alma

Hoy estaba pensando que son las heridas del alma, ¿cómo se pueden medir? ¿dejan cicatrices?.

Uno piensa que las heridas son sólo aquellas que se pueden ver, que tienen razón de ser por algún golpe, cortadura etc. Sin embargo también existen aquellas heridas ocasionadas por las actitudes y palabras que tenemos para con otras personas, tienen la misma dificultad al sanar que las otras, es más creo que son más difíciles de reponerse, ya que no hay calmante ni antibiótico que acelere su cicatrización.

Debemos tener conciencia que este tipo de heridas por lo general nos acompañan toda la vida, y que se marcan a fuego, si es posible, tratemos de calmarnos al momento de pronunciar palabras hirientes y al momento de actuar, tratemos de ponernos en el lugar del otro a ver si nos gustaría que nos hagan lo mismo (es muy difícil pero no imposible).

Les dejo una linda historia acerca de estas heridas para reflexionar. 

 

llorando

CLAVOS EN LA PUERTA


Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre                                        
le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia
debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio,
clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Con el tiempo, descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar
clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada
vez que pudiera controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no
quedaban más clavos para retirar de la puerta.
El padre, le dijo: has trabajado muy duro hijo mío, pero mira todos esos
hoyos detrás de la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú
pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que ves aquí.
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como lo digas
lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan
dañina como una ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos
hacen reír y nos animan a seguir adelante.
Nos escuchan con atención y siempre están presentes para abrirnos su
corazón.

Cuídate de no dañar a tus seres queridos.

 

 

tristeza1

 

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